lunes, 8 de diciembre de 2008

El futbol y la muerte invisible

"La renuncia de Castrilli, la intervención de la AFA, parar el fútbol por tres meses; y esto debería ser sólo el comienzo. Pero si no ocurre esta misma semana, significa que nadie quiere modificar nada y que nos sentaremos cómodamente a esperar el próximo muerto.” Escribí esto el 17 de marzo de 2008, en esta misma página, en este mismo diario. Habían muerto Silvia Belbruno, de 17 años, en Salta, y Emanuel Álvarez, de 21 años, en Flores, entre el viernes 14 y el sábado 15. El 12 de octubre murió Adrián Brito, de 14 años, en Tucumán; el 23 de noviembre, Rodrigo Silvera, de 27 años, luego de agonizar 22 días tras ser tiroteado, con bastante seguridad, por la barra de San Lorenzo, la Butteler. El mismo día murió Daniel López, de 21 años, acuchillado en Colón de Santa Fe. Tres muertos más, cinco en el año, que aún no terminó.La muerte de Emanuel había disparado un pequeño escándalo; la de Silvia había pasado casi inadvertida, porque era un mujer, porque era salteña, porque parecía un accidente, aunque fuera un accidente producto de que uno de sus acompañantes, en el camino al estadio, llevaba un arma … La de Emanuel, en cambio, era más áspera. Pensé que se trataba de la indignación por otra muerte gratuita, de otro inocente, otra muerte dolorosamente evitable. Sólo tiempo después comprendí que lo irritante de la muerte de Emanuel era simplemente que había obligado a suspender un partido, causando problemas de cronogramas, de programaciones, de transmisiones televisivas, los famosos asteriscos en las tablas de posiciones. Tamaño problema para el show business, para un espectáculo indetenible que no puede dejar de facturar, aun sobre la sangre ajena. Las muertes recientes, en tanto no produjeron ningún inconveniente “deportivo”, pasaron casi inadvertidas. La muerte del chico Brito, en Tucumán, por un disparo luego de enfrentamientos entre las hinchadas de Atlético y San Martín, acabo de descubrirla en La Gaceta de Tucumán luego de insistentes rastreos. Los mismos que tuve que hacer para hallar el nombre del sucesor de Castrilli, Pablo Paladino; la página web de su subsecretaría tiene tanta información como medidas ha tomado y desarrollado su responsable: ninguna.José Garriga Zucal, el antropólogo que más sabe sobre estos temas en la Argentina, sostiene que todo seguirá igual hasta que no vuelva a morir un hincha de River o de Boca, suceso que causaría un poco más de ruido. La próxima disputa renovada por el liderazgo de “La 12” permitirá confirmar la validez de su hipótesis. Entre tanto, tres muertes ignotas y anónimas, todas ellas tan absurdas y evitables como las de Emanuel y Silvia, se han sucedido sin que siquiera se hubiera producido un pequeño escandalito mediático. Es que, definitivamente, este tema no le importa a nadie, fuera de los deudos. Es una muestra más de la hipocresía descomunal que nos atraviesa. Cuando asesinaron a Marcelo Cejas en 2007, Nelson Castro prometió en su programa, en vivo, que no iba a dejar caer el tema. Lo mismo ocurrió tras la muerte de Emanuel, cuando decenas de programas de radio y televisión proclamaron, por centésima vez, que iba a ser la última. Posiblemente, quisieron decir que era la última vez que le iban a dar importancia al tema. La idea más brillante que se le cayó a Castrilli en cinco años fue el eslogan “Con la violencia perdemos todos”. Su sucesor lo ha desactivado, evidentemente consciente de que con la violencia en el fútbol sólo se pierden algunas vidas, vidas infames, irrelevantes, ínfimas. Es saludable, sin duda, que lo hayan asumido: la violencia es un negocio excelente para la policía, para las agencias de seguridad privadas y para la televisión –que pudo así transmitir todos los partidos–, para comenzar a contar. Creo que también lo es para unos cuantos dirigentes y para unos cuantos de los “pibes”, poseedores de ese capital llamado “aguante” que tan bien cotiza en el mercado. Y prefiero no seguir, para no meterme en un embrollo judicial.Las complicidades siguen a la vista, las responsabilidades también. Y nadie ha refutado las interpretaciones que hace diez años venimos sosteniendo y escribiendo, las que hablan de la violencia como norma y no como excepción, como “un fenómeno autónomo, con reglas y lógicas propias, todo un sistema moral de normas y legalidades y consecuencias que deben entenderse en sí mismas”. Lo único novedoso que ha ocurrido es, simplemente, que los hinchas y los periodistas y los dirigentes deportivos y los políticos argentinos han asumido, finalmente, que mientras no perjudique la programación y la marcha triunfal de Boca o Atlético Ledesma al campeonato, la violencia y la muerte les importan un bledo.
Fuente. Pablo Alabarces. www.criticadigital.com

domingo, 30 de noviembre de 2008

El campeonato de las urnas

Lo que dejaron las elecciones en Boca, Vélez y Estudiantes, y lo que podrán arrojar en el transcurso de diciembre los comicios en Independiente, Newell’s y Argentinos Juniors. La tendencia de los socios a no participar.

Por Gustavo Veiga -Página 12 -
El futuro de un club de fútbol, aunque la pelota y los arcos sugieran otra cosa, también se juega en las urnas. Este 2008 que mañana comienza a gastar su último mes, ha sido (y será) demasiado fecundo en materia política. Hubo elecciones en Boca, Vélez y Estudiantes, diciembre espera por las de Independiente, Newell’s y Argentinos Juniors, y en Racing su interventor no quiere quedarse atrás con la convocatoria a comicios. Estos procesos tuvieron una dinámica impensada –la muerte de Pedro Pompilio superó cualquier otra noticia–, y todavía podrían arrojar más cambios: así lo señalan la muy probable caída de Eduardo López, el impopular presidente de Newell’s, o el difícil pronóstico de la contienda electoral en Independiente.
En lo que no cambiaron su tendencia histórica casi todas las elecciones –-que también se produjeron en instituciones del Ascenso– es en el bajo porcentaje de socios que ya votaron o están por hacerlo en los próximos días. En Boca, cuando Pompilio superó a Roberto Digón, el 1° de junio, apenas se habían presentado unos 9000 asociados de los 45.278 en condiciones de pasar por el cuarto oscuro. O sea, algo así como el 20 por ciento del padrón. Y pese a que los últimos comicios en el club habían sido en diciembre de 1999, no aumentó el deseo de votar nueve años después. El presidente que falleció a los cinco meses de ganar las elecciones fue sucedido en su cargo por Jorge Amor Ameal.
Dos situaciones (una difundida y la otra no) jalonaron también la vida política boquense. El 26 de febrero, la Inspección General de Justicia (IGJ) determinó que los avales de la lista oficialista eran truchos, Pompilio tuvo que hacerse a un lado y Mauricio Macri, que ya era jefe de Gobierno porteño, reasumió tan insólita como transitoriamente la presidencia. Recién tres meses después, la IGJ avalaría el proceso que concluyó en elecciones.
El otro episodio cierra la saga de desencuentros entre los dos principales dirigentes de Boca desde 1995 a la fecha. Cuando lo velaron a Pompilio, en su domicilio, su viuda le habría sugerido a Macri que no sería bien recibido. ¿La razón? Nunca le perdonó el desgaste al que sometió a su marido. El ingeniero había dejado a sus hombres de confianza en la comisión directiva para controlarlo (Oscar Vicente y Daniel Angelici) una vez que se alejó de la presidencia.
El 14 de diciembre habrá dos votaciones cruciales donde se juega el destino institucional de Independiente y Newell’s. En el club de Avellaneda, Julio Comparada rivalizará con Nurhayr Nakis, más conocido como Noray, que también gobierna al Deportivo Armenio.
El actual presidente y empresario del seguro apeló en su campaña a la carta sentimental del nuevo estadio: el Libertadores de América. Con ella intenta jugar para que no se note demasiado la muy mala campaña del equipo en el torneo. Hugo Moyano, el secretario general de la CGT, es su principal sostén político externo. Y además lo respalda un Grondona, que no es Julio sino Héctor, su hermano menor. Nakis, un parlanchín que siempre buscó cobijarse bajo el ala de Julio Grondona, integrante de la comisión de selecciones de la AFA y comerciante de alhajas en la calle Libertad, no tiene una cancha como respaldo pero sí al máximo ídolo de Independiente detrás: Ricardo Bochini. “Les pido a todos los que me quieren que voten por Noray”, reclamó el Bocha.
La novedad en Newell’s es que se votará después de catorce años. Pese a las agresiones (a balazos) y amenazas recibidas; a que el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, mira para otro lado y a que la junta electoral que controlará los comicios tiene a un connotado barrabrava (Marcelo Lalo Latorre), la oposición del MOLE (Movimiento Leproso) ganó terreno con sus denuncias y está en condiciones de desbancar a Eduardo López, un dirigente al que no le entran las balas. Condenado por organizar juego clandestino, denunciado por la AFIP en la Justicia Federal y múltiple emisor de cheques sin fondos, sus días parecen contados. Por un fallo de Personas Jurídicas pueden ir a elecciones todos los socios que el oficialismo ignoraba. Y el MOLE presentó 1300 avales, doscientos más que los fijados por el estatuto.
Dos días después de Navidad también se votará en Argentinos Juniors, donde Luis Segura irá por su reelección. La Cámara Civil (sala M) no hizo lugar el 7 de noviembre a una denuncia del candidato opositor Carlos Pebes, que había conseguido suspender los comicios del 19 de julio. El presidente se ha ganado con holgura un lugar en la historia del club de La Paternal. Desde las tertulias y actos de gobierno compartidos con Carlos Suárez Mason entre 1979 y 1981 (era un joven vicepresidente por entonces) hasta la inauguración del estadio Diego Armando Maradona, el 26 de diciembre de 2003, junto a políticos de la democracia. Las fotografías son documentos que dan cuenta de su ubicuidad. En ellas puede vérselo con el genocida o junto al ex jefe de Gabinete Alberto Fernández (reconocido hincha de Argentinos) y Aníbal Ibarra.
En las elecciones de Vélez y Estudiantes se impusieron con porcentajes semejantes los dos candidatos oficialistas. Rubén Matías Filipas superó a Julio Alegre por 503 votos en el club de La Plata y Fernando Raffaini derrotó por 645 a Gabriel Fernández en el de Liniers. En Estudiantes pasaron por las urnas unos 3681 socios y en Vélez 3883, según reflejaron distintos medios.
Sólo falta que se vote en Racing (el interventor Héctor García Cuerva sugirió la fecha del 21 de diciembre), aunque todo indica que resultaría imposible. Los plazos no dan, las denuncias por irregularidades en la convocatoria a elecciones se acumulan y en la Academia votar es un verbo que no se conjuga hace diez años. La Ley de Fideicomiso con Control Judicial (25.284) obliga a que antes se levante la quiebra. Aunque todo es posible cuando se trata de la política en un club de fútbol.
Como sostenía Dante Panzeri en su libro Burguesía y gangsterismo en el deporte, “cuando en el fútbol llega el momento de jugar abiertamente a la política... los políticos solamente no osan ponerse pantalones cortos y botines de fútbol; pero sí osan ser ellos los que jueguen, los que ganen títulos, los que ganen partidos”.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Represores de negro y pantaloncitos cortos


José Francisco Bujedo era referí y Angel Narciso Racedo se desempeñaba como su asistente en la Liga Marplatense durante los ’70. Pero los dos pertenecían a la Marina y, con el juez de línea como jefe, secuestraban personas desde la base naval.

José Francisco Bujedo y Angel Narciso Racedo, fueron árbitros de fútbol en los años ’70, pero la historia los recordará más como represores de la dictadura. Dirigían partidos en la Liga Marplatense; Bujedo como juez principal y Racedo como su asistente. En cambio, cuando salían a realizar operativos clandestinos desde la base naval (ambos pertenecían a los Servicios de Inteligencia de la Marina), se invertían los roles: Racedo era el jefe bajo el alias de Comisario Pepe y Bujedo, su subordinado. El primero se encuentra detenido en el penal de Batán con prisión preventiva en las causas 4446 y 4447 por delitos de lesa humanidad que investiga el Juzgado Federal N° 3 de Mar del Plata. Su camarada y compañero de terna arbitral se mantiene en libertad, aunque familiares de desaparecidos ya le elevaron al juez Rodolfo Pradas un pedido de detención.
Sus casos revelan la doble vida que llevaban estos militares en la costa bonaerense. Ejercían una actividad de superficie como el fútbol –en la que incluso Bujedo llegó a ser considerado el mejor de la Liga en su época, entre fines de los ’60 y comienzos de los ’70–, y en paralelo se dedicaban a cazar personas en una ciudad donde hubo 290 desaparecidos entre 1976 y 1978. Juan Carlos Morales, el respetado periodista deportivo que nació y trabajaba en Mar del Plata en esa etapa, recuerda al árbitro de la fotografía que ilustra esta nota ingresando en el campo de juego con una pelota: “Tenía un nivel destacado, un gran estado atlético y era considerado el mejor”.
Otro periodista deportivo marplatense, José Luis Ponsico, describió el 23 de abril de 2001 en el Juicio por la Verdad cómo el secuestro de su colega Amílcar González lo llevó hasta la dupla arbitral. Declaró que un sindicalista de apellido Bellini le había contado que dos referíes se reunían en la sede del gremio UTEDyC y que pertenecían a “los Servicios de Inteligencia de la Marina”. En aquel juicio desarrollado en Mar del Plata se describe que Ponsico, cuando intentaba averiguar el paradero de González, se entrevistó con Bujedo y Racedo. Al primero lo conocía por su labor como cronista deportivo. Del segundo tenía las referencias de Bellini: “Ojo, que en esta situación el jefe es Racedo y Bujedo es el segundo. ¿Sabés cómo lo llaman acá? Lo llaman Comisario Pepe”.
El referí tiene ahora 73 años y su juez de línea 68. El primero vive en Mar del Plata y su compañero residía en Punta Alta hasta que fue detenido, el 26 de agosto. Bujedo estuvo vinculado en 2007 al Ente Municipal de Deportes y Recreación (Emder) de General Pueyrredón y preside la sociedad de fomento marplatense San Carlos, mientras que Racedo vendía souvenires en un local de la principal galería de aquella ciudad cercana a Bahía Blanca, donde también incursionó en otra curiosa actividad. La revista Dazebao de Punta Alta, en un artículo publicado el 18 de octubre de 2008, explicó de qué se trataba: “Intentó mantener un perfil bajo, aunque durante los ’90 tuvo una cierta exposición pública al obtener por tres años la concesión de los carnavales de la ciudad de Punta Alta. Cuando tuvo que contratar personal para cobrar las entradas de ‘los corsos’ dejó en evidencia sus contactos: el primer año fueron los scouts navales; el segundo los infantes de la Escuela de Infantería de Marina que estaban de franco; al tercero lo mismo pero con los policías de la base”.
Bujedo y Racedo son muy distintos físicamente. El árbitro hoy debe ser un hombre calvo y de baja estatura, a juzgar por las fotos en que vestía de negro y de pantalones cortos y que ya lo mostraban con una pelada inocultable. Su ladero en las canchas y en las mazmorras de Mar del Plata, según surge de las denuncias presentadas en la Justicia Federal, mide 1,80, tiene ojos verdes y el pelo rubio. La misma imagen que tomó el diario La Capital de Mar del Plata en que se ve a ambos junto a un tercer árbitro, le permitió al abogado César Sivo, que patrocina a varios familiares de desaparecidos, identificarlo. “Es Racedo, el de pelo ondeado”, le dijo a este diario sin dudar.
El hombre que vivía en Punta Alta sin ser molestado siguió su carrera arbitral en la llamada Liga del Sur. Se explica por una sencilla razón: los marinos de guerra son mayoría en esa ciudad, que posee la mejor calidad de vida del país (según un ranking reciente elaborado por un grupo de investigadores del Conicet). El 70 por ciento de su población de unos 60 mil habitantes depende directa o indirectamente de la base de Puerto Belgrano. En el legajo número 304.062 del marino Racedo, consta un pedido de autorización de marzo del ’80 a su jefe naval para que pueda desempeñarse en aquella Liga, que reúne a clubes de Bahía Blanca y de localidades vecinas.
Lo firma el teniente de navío Enrique de León: “...desde hace varios años, siendo representante del consejo federal argentino y contando con la correspondiente autorización de la dirección del personal para desempeñarse como árbitro de la asociación marplatense...”. El sello que acompaña el texto dice “Contra Inteligencia Operaciones Base Naval I.M Baterías” y está contenido en la investigación que llevó adelante la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense.
En la Asociación Bahiense de Arbitros (ABA), que Racedo condujo en la década del ’80, incluso cuando todavía se mantenía en actividad, se sorprendieron con la noticia de su arresto. “Fue un balde de agua fría”, graficó un joven referí que atendió el teléfono de la sede gremial el jueves 6 por la noche. En la ABA se dan cursos de arbitraje como el que desarrolló el instructor Juan Carlos Crespi, un conocido ex juez internacional de la AFA. Su actual presidente se llama Marcelo Sánchez. Y Alberto Martínez, el afiliado más antiguo del sindicato, conduce la escuela arbitral. Es la persona que –cuentan en el gremio– conoce mejor que nadie la trayectoria deportiva de Racedo.
Apenas lo detuvo la Gendarmería, a fines de agosto, el represor se presentó así: “No tengo nada que ver. En los ’70 yo era árbitro de fútbol”. La coartada es más cínica que inverosímil y no lo salvó de quedar involucrado en la causa del Circuito Represivo Base Naval Mar del Plata. Durante los años en que Racedo operaba en la ciudad balnearia, también desaparecía gente en Punta Alta. Héctor González, ex secretario de Gobierno local durante la gestión del intendente peronista Jorge Izarra (1995-2003), sobrevivió para contarlo.
Estuvo detenido cinco años entre 1976 y 1981, tiene muy presente al marino y recuerda que “ya en democracia, continuaba siendo árbitro”. A su salida de la cárcel, y de regreso en su pago chico, los mismos que lo habían secuestrado a cara descubierta le dijeron con sorna: “González, sin rencores, ¿no?”. El mismo se responde aquella frase con otra: “Hacíamos política en el riñón del enemigo”. Su definición es todo un símbolo, como que el conocido represor Ricardo Miguel Cavallo, alias Sérpico, nació en Punta Alta. Muchos como él hacían operativos en sus calles cuando Racedo y Bujedo combinaban sus entrenamientos como árbitros con los secuestros, desapariciones y tormentos en Mar del Plata.
El primero apeló la prisión preventiva aunque continúa en la Unidad 44 de Batán. Volvió a estar cerca de su compañero de arbitraje, como cuando en la dictadura dirigían partidos en el estadio General San Martín, que bien podían ser los clásicos entre Aldosivi y Alvarado o Kimberley y San Lorenzo de Mar del Plata, uno de los cuales todavía es recordado por el polémico desempeño de Bujedo.
Los memoriosos del fútbol cuentan que, en la principal ciudad balnearia del país, siempre se habló de un grupo de represores que recaudaba unos pesos más poniéndose los pantalones cortos para hacer sonar el silbato o levantar el banderín en una posición adelantada. Racedo y Bujedo son sus más conocidos exponentes. Ahora, treinta y dos años después, los acusan de delitos de lesa humanidad junto a otros oficiales superiores. Un juicio espera por ellos.

fuente: gustavo veiga www.página12.com.ar

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Posibilidad de reclamo por Clubes de Futbol

Los clubes de futbol- de Argentina y demás países de América del Sur- pueden reclamar las indemnizaciones que les corresponden cuando sus ex jugadores se inscriben como jugadores profesionales en equipos europeos. Por los derechos adquiridos de la institucion deportiva con estos jugadores, por la formación del joven futbolista y por el mecanismo de solidaridad que aplica una compensación para los equipos de países de menos nivel económico cuyos jugadores emigran a ligas mas poderosas tanto en el terreno económico como en el terreno futbolístico.
Para mayor información: info@agueropenna.com.ar

martes, 18 de noviembre de 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

Yo, Aguilar el peor de todos

Por Gustavo Veiga
“No podemos terminar últimos.” Jamás, a un dirigente de River se le habia ocurrido pedir algo semejante. Ni siquiera durante el torneo Metropolitano de 1983, cuando el equipo salió decimooctavo, apenas por encima de Racing de Córdoba. José María Aguilar, un servidor, el peor presidente en la historia de River para una creciente cantidad de socios e hinchas, se atrevió a decírselo a los jugadores el martes pasado, cuando presentó a Gabriel Rodríguez como reemplazante provisorio de Diego Simeone. Es el mismo que llegó a la presidencia del club en diciembre de 2001 rodeado de un país en ruinas. Siete años después, se topa con una escenografía parecida. Con la diferencia de que, ahora, las ruinas son internas. Su cuestionada gestión deja un paisaje como ése.
Aguilar y su reducido séquito de cortesanos, al menos son líderes en un par de rubros: los sofismas y las ideas singulares. En el primero, no hay quien supere al presidente. Sus frases afectadas, grandilocuentes, al simpatizante de River promedio lo deprimen o le provocan hilaridad. “Aguilar, sos un infiltrado, sos el mejor dirigente que tiene Boca”, escribió Sergio en un foro riverplatense, el 15 de mayo de este año, con la eliminación en la Copa Libertadores todavía fresca. Dos días antes, el presidente había dicho: “Se la agarran conmigo pero desde el ’60 River ganó dos copas”. Cada vez que el directivo aclara algo, oscurece. Como oscureció en Núñez desde que su imagen se derrumbó.
Levantarla puede que ahora resulte un ejercicio para intrépidos. Aunque debe reconocerse que Aguilar es afecto a los saltos sin red. Como cuando se sacó de encima a Ramón Díaz, flamante campeón en el torneo Clausura 2002, para contratar a Manuel Pellegrini, o lo fue a buscar al riojano cuando dirigía a San Lorenzo. Da la sensación –también– de que al presidente le gusta remar contra la corriente, complicarse solo, asumir riesgos sin medir los costos.
La última ubicación del equipo en la tabla de posiciones es como una parábola de su gobierno. La gestión institucional y económica se mimetizó con la campaña futbolística. En rigor, los graves problemas de la comisión directiva precedieron –desde bastante antes– a los más recientes traspiés deportivos de Diego Simeone y sus jugadores. Aunque hoy son como dos partes de una misma pieza. Y Aguilar, que parece inconmovible ante las adversidades, que suele mostrarse con su proverbial cara de póquer, tuvo la ocurrencia típica de quien da un salto hacia adelante intentando esquivar el campo minado que contribuyó a sembrar.
El presidente invitó el martes –el mismo día en que casi rogó “no terminar últimos”– a una conferencia que brindaron en el salón Auditorio del estadio Monumental tres sobrevivientes de la tragedia de Los Andes. Vale recordarlo: el 13 de octubre de 1972, el avión que llevaba a un plantel de rugby uruguayo se estrelló en la cordillera. Sobrevivieron dieciséis de esos deportistas y, tres décadas después, algunos de ellos salen a recorrer el mundo contando su experiencia de supervivencia. Los hermanos Eduardo y Adolfo Strauch y Daniel Fernández les hablaron durante casi dos horas a los dirigentes oficialistas con el objeto de “situar a la audiencia frente a una circunstancia impredecible y a generar expectativas sobre las instancias que de ella pueden derivarse”, publicó el diario Olé. La situación impredecible es obvia. River está último, la campaña es la peor de su historia y Aguilar pretende ahora que los especialistas uruguayos en coaching le hablen al plantel. Es el mismo plantel que se desvalorizó por la insólita campaña en el actual torneo y cuyos profesionales, en la mayoría de los casos, se vendieron por distintos porcentajes a grupos empresarios de dudosos antecedentes o directamente no le pertenecen al club: Augusto Fernández por el ciento por ciento, Paulo Ferrari por el 80 por ciento, Gustavo Cabral, Radamel Falcao y Santiago Salcedo por el 50 por ciento, entre otros.
Mientras el presidente busca salidas a la crisis y trata de llegar en muletas hasta diciembre de 2009 cuando vence su mandato, una contradicción surge con nitidez. Se sugiere levantarle el ánimo al equipo con los sobrevivientes de Los Andes, pero al mismo tiempo se comienza a discutir una poda en el monto de las primas del plantel. La idea es reducirlas hasta un 50 por ciento, ya que promedian unos 400 mil dólares anuales, entre lo que, por ejemplo, cobra Oscar Ahumada (550 mil) y los que perciben alrededor de la mitad de esa cifra.
El vapuleado gobierno de Aguilar muestra tantas fisuras que la campaña electoral se adelantó casi un año. Si River tuviera expectativas de ganar algún título en esta segunda parte del año, no habría afiches en las proximidades del Monumental con el rostro de Antonio Caselli; Horacio Roncagliolo, el más crítico de los opositores, no enviaría correos todos los días con sus denuncias; Carlos Avila, el ex todopoderoso dueño de Torneos y Competencias (TyC) no diría que “River está viviendo una crisis infernal”, lanzado a presentarse en las elecciones del año que viene; ni el presidente de la Caja de Ahorro y Seguro, Raúl D’Onofrio (vocal de la directiva como Caselli), se perfilaría ya como candidato.
El 28 de este mes, dos asambleas de representantes pueden resultar cruciales para medir la estabilidad de Aguilar en su cargo. Una tendría que aprobar o desaprobar el balance del último ejercicio (ver aparte) y la restante –que el oficialismo intentó sortear–, se hará por una resolución de la Inspección General de Justicia que avaló un pedido opositor para tratar la presunta falsificación de presupuestos en obras y la sobrefacturación de un sistema de cámaras de seguridad.
Hace ya unos años, cuando el presidente lucía bastante más delgado y menos agobiado por problemas como la barra brava adicta, las malas campañas y las denuncias de corrupción, abrevaba en gloriosas etapas del club para aventurar un futuro que, sin dudas, no fue éste: “River es el club más grande de nuestro país, el más importante, el de más cosechas de éxitos a lo largo de su historia y que indudablemente tiene un destino de grandeza, porque así lo han inculcado sus fundadores, porque así lo han hecho todos aquellos que lo forjaron...”.
¿Cuál es el aporte de Aguilar y sus fieles a esa grandeza? Por pudor, no deberían decirlo. A la institución le hicieron demasiado daño.
www.pagina12.com.ar